Alfonsina nació el 29 de mayo de 1892 en Suiza. A los cuatro años, sus padres la llevaron a vivir a la Argentina.

Vivió en San Juan, posteriormente en Rosario, la familia era pobre, y Alfonsina a los  diez años lavaba platos y atendía en el Café que había instalado su madre, pero el negocio fracasó.

Trabajó en una fábrica, fue actriz en una compañía de teatro,  recorrió varias ciudades de Argentina, tenía entonces trece años.

Cuando volvió a Rosario, su madre se había casado, y ella estudia para maestra, comenzando a escribir sus primeros poemas.

A la edad de diez y nueve años, se traslada a Buenos Aires, donde tiene un hijo en 1912.

En 1916, publica su primer libro, y se va adentrando en los círculos literarios de su época. Colaborando en publicaciones como La Nación de Buenos Aires, revistas y diarios.

Era mujer enérgica, sensible y de gran talento. De trato cordial, rompe con los convencionalismos de su época. Evocó en su obra toda clase de temas, aunque el principal es el amor.        

En 1928, viajó a España. Volvió en 1931, en compañía de su hijo, conociendo  a otras mujeres escritoras.

En este tiempo, está tranquila, escribiendo para La Nación y la Crítica, y dedicándose también a sus clases de teatro.

En 1931 es nombrada jurado, es la primera vez que se elige a una mujer. Ella recibió el hecho con alegría, ya que manifiesta, que es hora de que comiencen a ser reconocidas las virtudes, que la mujer continuamente demuestra.

En 1933 conoció a Federico García Lorca durante su estancia en Buenos Aires. Le dedicó el poema " Retrato de García Lorca".

En 1935, fue operada de cáncer, y en 1936 se suicida su amigo Horacio Quiroga. Dos hechos muy duros en su vida.

En 1938, recibe una invitación del Ministerio de Instrucción Pública para reunir a las tres grandes poetisas del momento:  Alfonsina, Juana de Ibarbourou, y Gabriela Mistral.

El 23 de octubre de 1938, viajó al Mar del Plata. Había pasado unos meses de temor, debido a la aversión que tenía por su enfermedad.

Sobre la una de la madrugada del 25, Alfonsina, se dirigió al mar, donde se suicidó.

La noticia causó consternación de la Argentina, había muerto trágicamente la gran poetisa de América. 

 

 

Siete, son sus libros:

 

1916

La inquietud del rosal.

 

1918

El dulce daño.

 

1919

Irremediablemente.

 

1920

Languidez.

 

1925

Ocre.

 

1934

Mundo en siete pozos.

 

1938

Mascarilla y trébol.

 

 

 

Unos poemas, como breve pincelada de su obra:

 

QUEJA

Señor, mi queja es ésta,
Tú me comprenderás;
de amor me estoy muriendo,
pero no puedo amar.

Persigo lo perfecto
en mí y en los demás,
persigo lo perfecto
para poder amar.

Me consumo en mi fuego,
¡Señor, piedad, piedad!
De amor me estoy muriendo,
¡Pero no puedo amar!

 

LA CARICIA PERDIDA

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás? 

 

UN SOL

Mi corazón es como un dios sin lengua,
mudo se está a la espera del milagro,
he amado mucho, todo amor fue magro,
que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
pero yo espero algún amor natura
capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto
y me haga brotar ramas sensitivas,
soy una selva de raíces vivas,
sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío
de cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

 

DULCE TORTURA

 Polvo de oro en tus manos fue mi melancolía
sobre tus manos largas desparramé mi vida;
mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;
ahora soy un ánfora de perfumes vacía.

Cuánta dulce tortura quietamente sufrida
cuando, picada el alma de tristeza sombría,
sabedora de engaños, me pasada los días
besando las dos manos que me ajaban la vida.

 

EL DIVINO AMOR

Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarte, oh niño, te me niegas.

Mira que estoy de pie sobre los leños,
que a veces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.

Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.

 

P A S I O N

Unos besan las sienes, otros besan las manos,
otros besan los ojos, otros besan la boca.
Pero de aquél a éste la diferencia es poca.
No son dioses, ¿qué quieres?, son apenas humanos.

Pero, encontrar un día el espíritu sumo,
la condición divina en el pecho de un fuerte,
el hombre en cuya llama quisieras deshacerte
¡como al golpe de viento las columnas de humo!

La mano que al posarse, grave, sobre tu espalda,
haga noble tu pecho, generosa tu falda,
y más hondos los surcos creadores de tus sesos.

¡Y la mirada grande, que mientras te ilumine
te encienda al rojo blanco, y te arda, y te calcine
hasta el seco ramaje de los pálidos huesos!

 

CONTIGO APRENDI

Alguna vez andando por la vida,
por piedad, por amor,
como se da una fuente sin reservas,
yo di mi corazón.
Y dije al que pasaba, sin malicia
y quizá con fervor.
Obedezco a la ley que nos gobierna:
he dado el corazón.

Y tan pronto lo dije, como un eco
ya se corrió la voz:
Ved la mala mujer, esa que pasa:
ha dado el corazón.

De boca en boca, sobre los tejados
rodaba este clamor:
Echadla, piedras eh, sobre la cara.
Ha dado el corazón.

Ya esta sangrando, si la cara mía,
pero no de rubor,
que me vuelvo a los hombres y repito:
He dado el corazón.

 

E L  E N G A Ñ O

Soy tuya, Dios lo sabe por qué, ya que comprendo
que habrás de abandonarme, fríamente, mañana,
y que, bajo el encanto de mis ojos, te gana
otro encanto el deseo, pero no me defiendo.

Espero que esto un día cualquiera se concluya,
pues intuyo, al instante, lo que piensas o quieres.
Con voz indiferente te hablo de otras mujeres
y hasta ensayo el elogio de alguna que fue tuya.

Pero tú sabes menos que yo, y algo orgulloso
de que te pertenezca, en tu juego engañoso
persistes, con aire de actor del papel dueño.

Yo te miro callada con mi dulce sonrisa,
y cuando te entusiasmas, pienso: no te des prisa,
no eres tú el que me engaña; quien me engaña es mi sueño.

 

E N C U E N T R O

Lo encontré en una esquina de la calle Florida
más pálido que nunca, distraído como antes,
dos largos años hubo poseído mi vida...
lo miré sin sorpresa, jugando con mis guantes.

Y una pregunta mía, estúpida, ligera,
de un reproche tranquilo llenó sus transparentes
ojos, ya que le dije de liviana manera:
¿Por qué tienes ahora amarillos los dientes?

Me abandonó. De prisa le vi cruzar la calle
y con su manga oscura rozar el blanco talle
de alguna vagabunda que andaba por la vía.

Perseguí por un rato su sombrero que huía...
Después fue, ya lejana, una mancha de herrumbre.
Y lo engulló de nuevo la espesa muchedumbre.

 

VOY A DORMIR

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que olvides... Gracias... Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido..."


Para terminar con este homenaje a Alfonsina Storni, aquí está la letra de la canción que inspiró su dramática muerte, y que ha sido interpretada por multitud de cantantes.

 

Alfonsina y el Mar.


 Por la blanda arena que lame el mar 
su pequeña huella no vuelve mas 
y por un sendero de pena y silencio 
llego hasta el agua profunda 
un sendero solo de penas muda 
llego hasta la espuma... 

Sabe Dios que angustia te acompañó 
que dolores viejos callo y tu voz 
para recostarte arrullada 
en el canto de las caracolas marinas... 
La canción que canta 
en el fondo oscuro del mar la caracola... 

Te vas Alfonsina con tu soledad 
que poemas nuevos fuiste a buscar 
y una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y te esta llevando 
y te vas hacia allá como en sueños 
dormida, Alfonsina, vestida de mar. 

Cinco sirenitas te llevaran 
por caminos de algas y de coral 
y fosforescentes caballos marinos 
harán una ronda a tu lado 
y los habitantes del agua 
van a jugar pronto a tu lado. 

Bájame la lámpara un poco mas 
déjame que duerma nodriza en paz 
y si llama él no le digas que estoy 
dile que Alfonsina no vuelve 
y si llama él no le digas nunca que estoy 
di que me he ido 

Te vas Alfonsina con tu soledad 
que poemas nuevos fuiste a buscar 
y una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y te esta llevando 
y te vas hacia allá como en sueños 
dormida, Alfonsina, vestida de mar. 

Autores de letra y música: F. Luna y A. Ramírez

Ir al Rincón de la Poesía 

Volver a menú principal

Ir a la portada de la web