Cuando estoy ante el ordenador, suelo oír  en el receptor de radio algún programa de música, mientras  preparo alguna cosa o "navego" por Internet.

Una noche, la emisora que suelo tener, hizo un cambio de programación en la madrugada, moví la sintonía y me encontré ante un famoso programa nocturno, donde muchas personas con problema, dudas, o que se sienten solas y con ganas de comunicar, contactan telefónicamente y exponen ante la audiencia lo que deseen.

No prestaba mucha atención, pero se recibió la llamada de una señora que dijo lo siguiente:

Que había tenido una pareja, y que aunque  lo quería, había terminado esta relación, no especificó el motivo.

Posteriormente, había conocido en un viaje a otro hombre que residía muy lejos,  con él había nacido una amistad, no teniendo  interés de otro tipo. Continuamente se escribían o se llamaban por teléfono.

Ella, un día le pidió si aceptaba ser su "Referencia". Él le contestó afirmativamente.

Contó que estaba muy bien, pero que cuando a ella le había faltado una persona que fuera su Referencia, le hacía sentirse desorientada.

Esta exposición de los hechos, y teniendo como eje central la palabra Referencia, me llamo la atención, pero me fui a dormir porque el sueño ya me estaba "apretando".

Al día siguiente, y en un paseo matinal me acordé de la señora.  No sé si usó la palabra apropiada, pero el sentido que le dio  desde mi punto de vista, es de punto de apoyo anímico y de encontrar a una persona que  escuche lo que dices, nada fácil en la sociedad de las prisas en que vivimos. Y la verdad, me gustó, ¡qué necesario es tener para el ser humano alguien que sea "su Referencia"! Puedes estar rodeado de familiares, amigos, o todo tu tiempo ocupado en mil y una cosa, pero si no tienes una Referencia estás totalmente perdido.

Pensé, para poner un ejemplo, no en balde soy de tierra marinera, de como te sientes si estás en el mar, de noche y en total oscuridad. Sabes que la costa está cerca, y que llevas el rumbo correcto, pero tu barco se zarandea y notas la humedad en la cara. A pesar de tener la situación controlada, a lo lejos ves una lucecita, es la del faro del puerto donde te diriges, este hecho te tranquiliza, y los "fantasmas" que llenan tus pensamientos, se disipan.

Pues algo parecido es esa Referencia. El faro no puede salir navegando y tomarte de la mano. Pero sí te puede dar el suficiente sosiego para que con tus propios medios llegues a buen puerto.

Por ello, doy aquí las gracias a esta Señora, que sin saberlo, me hizo pensar y ver lo bueno que es tener alguien que te escuche, alguien que  sea tu Referencia.


 

Texto: Poncio Emiliano.


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