AMORES GATUNOS

 

Gatos.  Seres de espíritu  independiente, cariñosos, y siempre misteriosos.

 

Esta es la historia de una gata,  que siendo muy joven estaba en la calle en total desamparó y con riesgo para su vida. Era de color marrón oscuro con diversas manchas de tonos  más llamativos,  dada su delgadez,  sus pelos eran ásperos y deslucidos.

Un día, alguien la recogió al ver el estado tan  lamentable en que se encontraba, y la llevó a casa de unos señores octogenarios que ya tenían otra gata. La acogieron y la cuidaron con esmero, poco a poco fue tomando fuerzas y creciendo.

La gata que hace tiempo vivía en la casa, era blanca con manchas negras, de ninguna raza definida, era extraña, huidiza, y con pocas ganas de bromas, ya que prefería la soledad a la compañía. En ocasiones se dejaba acariciar, pero por lo general  cuando él niño, nieto de estas personas, quería acercarse a ella, esta le manifestaba  su negativa enseñando los colmillos.  Era un caso raro, no se relacionaba con gatos, jamás fue madre. ¿Sería un problema físico?¿O propio de ser tratado por  un "psicólogo gatuno"? Desconozco la respuesta.  Al único que dejaba acercarse algo era a su dueño.

La recién llegada era distinta, cariñosa con todos, al igual que la mayoría de los gatos buscaba el sitio más cómodo. En verano se colocaba en las losas del suelo cerca de una ventana, en invierno tan cerca de la estufa o de la cocina que a veces se chamuscaba algunos pelos. No desperdiciaba la ocasión de estar con alguien. Cuando creció, dado que entonces estos animales tenían libertad debido a que las puertas de las viviendas estaban abiertas, podía salir a las calles y a los terrados, iba  en busca de otros gatos relacionándose con ellos como es propio en su mundo. Ahora están encerrados en pisos,  aislados, y encima se les esteriliza o se ponen medios solicitados al veterinario para reprimir sus elementales instintos de procrear.

La gata veneraba al mayor de la familia, siempre estaba pendiente de él. Daba igual donde estuviera, pero cuando intuía que llegaba a la puerta de la calle, estaban en un primer piso, corría y se ponía cerca de la entrada a esperarlo con la impaciencia reflejándose en sus ojos. Cuando  él se sentaba, ella rápidamente se subía encima. Esto mismo hacía con el nieto que iba a menudo a casa. Era una alegría para el niño sentirse querido por ella,  se quedaba dormitando sobre él moviendo el rabo suavemente, señal de complacencia gatuna, mientras el niño ilusionado le acariciaba y rascaba suavemente su cabeza.

Hay personas a las que no les gustan los gatos, pero creo que es más por desconocimiento o porque han tenido perros y se han acostumbrado a ellos. Son muy distintos, pero cuando se conoce a los felinos se sabe captar  de inmediato su estado de ánimo ya que lo manifiestan claramente. También en su mundo "El gato es él y sus circunstancias".  No es lo mismo uno callejero acostumbrado a comer mal, al maltrato del hombre y de otros animales, que los cuidados en casa.  Y como en esta página os cuento, al igual que las personas cada gato tiene su temperamento y habrá que tratarlo de acuerdo con el.

Un día, el niño fue a casa por la mañana. Solo estaba su tía y los gatos. Él miraba unos libros en la salita cuando escuchó unos maullidos, sordos, lastimeros y llenos de languidez, que parecían recordar el canto del "Yo te diré" de "Los Últimos de Filipinas", claro, con las debidas distancias. El niño se levantó y fue a un corto pasillo que estaba cerca de la entrada. Tenía altos los techos, ya que la casa era de las antiguas. En medio del pasillo se encontró a la gata. Sorprendido se acercó y la vio en postura semejante a una tortuga. Estaba arrastrando la panza sobre las losas, las patas abiertas, la cabeza la frotaba con el suelo, y el rabo estaba totalmente erguido. El niño sin saberlo, estaba ante la manifestación del deseo gatuno, la llamada al amor que calmara sus instintos. Se acerco y suavemente la empujó con el pie. Ella ni se inmutó. ¿Qué le ocurría a la gata? ¿Estaría enferma? De repente, su tía que ya estaba harta de "cánticos desgarrados" apareció blandiendo una escoba, y al mismo tiempo que le atizó dijo: -¡Eres una sinvergonzona!- La gata aguantó el primer trastazo, pero al segundo tuvo que "salir  disparada" bajo  una cama. El niño quedó pensativo, ya que supuso por lo que había dicho su tía, que esto tenía algo que ver con el sexo.

Esta gata tan cariñosa, fue madre repetidas veces. En una ocasión entró a toda velocidad perseguida por un gato, pero rápidamente se le echó, tampoco se iba a traer a los pretendientes a casa. Para eso estaba la calle y los románticos terrados.

El caso es,  que el niño siempre había visto los gatos pequeños, pero no el hecho de la espera de su venida al Mundo. Un día, la gata estaba a punto de ser madre, ella lo sabía y estaba molesta e inquieta. Se le puso en un cuartito una manta vieja y ella entró, como la puerta estaba entreabierta al poco salió y maulló hasta que el niño y su tía fueron a la habitación contigua, no quería sentirse sola quería saber que estaban cerca de ella. Al rato tuvo tres gatitos. Desde ese día la gata los cuidó con esmero y delicadeza, todo era ternura con ellos. Y el niño aprendió lo que es el instinto maternal en los animales, cosa que creía privativa de la raza humana.

Los años pasaron, el niño fue creciendo. Ya había visto en los perros, que son mucho más directos que los gatos, en el acto del apareamiento,  pero nunca había visto lo que es un "cortejo gatuno". Estando una preciosa noche de temperatura agradable asomado al balcón del primer piso,  vio que en el portal de la entrada estaba la gata sentada tan tranquila, y que a corta distancia, en la acera, se hallaban cuatro gatos. Nerviosos se movían de aquí para allá, y de vez en cuando alguno se acercaba a ella "con intenciones amorosas". Esta  descargaba un zarpazo en "su morro" y el gato retrocedía a toda prisa. La  escena se repitió innumerables veces.  El cansancio y el aburrimiento se notaba en los andares lentos de los candidatos. Poco a poco, y mientras ella seguía en la misma posición, ellos fueron desapareciendo en las sombras de la calle, pero uno resistió hasta el final. Se acercó con mucha precaución  y entonces ella le rozó suavemente la cabeza con la suya. Tras esta escena, ella giró y llevo al elegido a la oscuridad protectora de la entrada porque era toda una "Señora gata" y no iba a realizar acto tan intimo a la vista de todos.

Termino este relato con algo para meditar. Un día, la gata  desapareció sin dejar rastro. Nadie la había visto y no hubo manera de encontrarla. Pasaron dos días,  y su amo tan querido  falleció en pocas horas. Años después leyendo libros sobre gatos, referían  que algunos intuyen determinados hechos, como el que le ocurrió a su dueño. ¿Fue casualidad? ¿Se produjo la desaparición  porque tuvo una premonición ? ¿Qué le ocurrió a la gata? Nadie lo sabe.


Todo lo aquí contado, son hechos reales. 


     


Texto: Poncio Emiliano


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