Me llamo Anselmo, y vivo en Cogollos de la Duquesa, pueblo situado entre montañas, que ha pasado años en el olvido.

La mitad de sus casas estaban en ruinas. La Iglesia se había salvado, sólo se utilizaba una vez por semana cuando venía D. Cipriano, el cura de Villanueva del Tiesto.

Sólo existía una tienda, Casa Reme, que hacía de comercio, bar, centro de reuniones, y "Centro Médico", cuando subía Cristina la Doctora Rural. ¡Que vergüenza pasaban los mozos! Había que empujarles para que los vieran.

Éramos unos doscientos habitantes, la mayoría pensionistas, y un grupo de solteros, que no tenían forma de encontrar mujer. Aquí la cosa estaba muy dura, sobre todo en invierno, y ellas la prefieren blanda, estoy hablando de la vida, claro.

¿Que hacían los solteros en edad de merecer? Pues jugar al Dominó, y ver la televisión en casa Reme. Aquí no llegaba la señal de televisión, Reme tenía una antena parabólica, y todos pagábamos para poder ver los canales del satélite y los partidos de fútbol.

Los que no podían soportar la falta de un abrazo, o de un... , bajaban a la carretera general donde está el Club Mazizza´s, cuando tenían suficientes euros en el bolsillo.

Nicasio, soltero de aquí, le tocó una quiniela y no lo pensó, se fue a América por compañía. La encontró, se casó, y se la trajo al pueblo. Pero cuando levantó a la chica para trabajar a las cinco de la madrugada, desapareció. Cuentan que forma parte del personal de Mazizza´s.

Así transcurría la vida, muy rutinaria, y con mucha soledad, no sabíamos como cambiarla.

 

 

Un sábado, apareció en el pueblo un matrimonio con un niño. Se pasearon por nuestras calles con "la boca abierta". Pidieron que le enseñáramos la Iglesia, y quedaron maravillados de la antigüedad y vejez de lo que vieron. Ese día, cambió sin saberlo nuestra suerte.

A la hora de comer, los dirigimos a Casa Reme. Dijeron:- ¿Qué podemos comer que sea de la tierra?- Hilario, el marido de Reme, dijo:-"Pos si quieren les puedo hacer unos güevos con chorizo y patatas fritas, y lo acompaño con un buen vino."- ¡Qué alegría les dio! Un sitio rústico, en un "pueblo con encanto" y con comida natural. El niño frunció el ceño, y pidió una hamburguesa "Makclofer con pepinillos y crema de cacahuete." -De eso no tengo- Replicó Hilario. Como conocía sus gustos, dijo la señora: - Luis Alberto, ¿quieres un Yogur con sabor a frambuesa? - Bueno- dijo el querubín. -Pues tampoco tengo de eso señora, le puedo traer un tazón de leche y miga de pan "pa sopar".-

Cuando les trajo todo, saborearon el vino, y preguntaron: -¿Es vino joven?¿De que añada?- Todo el bar quedó en silencio. ¿De que narices hablaban? Hilario se acercó a la mesa y les comentó que el vino lo hacía el Tío Ambrosio, que era de un pueblo de más abajo. Que era natural y de su viñedo, que lo hacía como era tradición, pisando la uva, y que era de fiar, porque lo hacía "to mu limpio", ya que se lavaba los pies una vez a la semana y antes de pisar la uva. ¡Esto si que era vino, vino!

Al marcharse,  se encontraron conmigo, que me dirigía a una zona donde depositábamos las basuras, para tirar una azada (instrumento para cavar). Me dijeron que era algo que les gustaría tener, para ponerlo en el balcón de su piso, en la novena planta. ¿Qué pintaba una azada en el balcón? Ellos sabrán. Que pensaban  que yo no querría desprenderme de ella, pero que me daban cien euros si se la vendía. Puse cara de tristeza, "por tan sensible pérdida", les entregué la azada, y se fueron tan contentos. Más de diez y seis mil de las antiguas pesetas, por algo que iba a tirar a la basura.

Este acontecimiento fue el tema de la siguiente tertulia que hicimos en el bar. Pensamos que hace años se fue medio pueblo, harto de pobreza y aburrimiento, y que ahora venía la gente de la ciudad en los días que no trabajaban, porque en su estresante vida, estaban hartos de riqueza y aburrimiento. Hilario, gran filósofo, dijo sabiamente: -"Ejaros de retorceros la mollera, to er mundo quiere lo que no tiene, asín que estamos de aquí  pa allá, sin saber donde poner el güevo".

Dado el escaso dinero que teníamos, decidimos probar lo del "Pueblo con Encanto". Arreglaría la casa de mis abuelos que estaba saliendo del pueblo, yo vivo cerca de la Iglesia, y si la cosa iba bien, lo iríamos aplicando al resto de las casas y habitaciones de que pudiésemos disponer.

Fui a la casa de mi niñez, cerrada desde la muerte de mis padres. Tiene un comedor-cocina enorme, esto se parece a lo que se llama ahora en los apartamentos "cocina americana", pero  sin ventanita, todo en un  único espacio.

Estudié las reformas, y me puse "manos a la obra" con la ayuda de vecinos y amigos.

Tenía cuatro viejas colañas (vigas de madera) para el techo, que pertenecían a un antiguo cobertizo. Estaban casi podridas, las lijamos, tapamos las grietas, y tras cortarlas, las incrustamos en la fachada. Resultado "casa rural de montaña con encanto".

Al comedor cocina, tras darle una mano de pintura, pero conservando el negro del humo de la chimenea, que tenía más de cien años, le colocamos un mueble aparador, una mesa grande, sillas, y dos mecedoras de tela. Todos los muebles estaban corcados, así que nos dedicamos a matar la carcoma, asegurando las sillas para que nadie se rompiera la crisma. Las paredes las llenamos de "colgajos rurales", es decir aperos de labranza, sartenes, faroles de petróleo, y platos de cerámica. Terminamos la decoración con dos hermosas tinajas (vasijas grandes para el agua).

Arreglamos el retrete, y pusimos una ducha. Junto a los aseos colocamos un gallinero, por eso de la "ecología", estarían aseándose y escuchando la naturaleza.

La decoración de los dormitorios fue similar, aunque el de matrimonio tenía un toque de distinción. Un arca viejísima de mi bisabuela, para guardar ropa, con olor a alcanfor. ¡Que detalle! Un armario con un gran espejo, de esos que no hay manera de verse bien, la imagen que devuelven parecen una "pintura impresionista", la ventaja es que por mucho que te empeñes, no te verás las arrugas. Y lo principal, la cama. De hierro con un somier de más de ochenta años,y colchón de lana. Este tipo de somier, tenían la ventaja de hundirse por el centro con el tiempo, la consecuencia es que el matrimonio, al contrario que en los colchones actuales, que pueden dormir separados a cada lado sin deformarse, por narices tenían que estar juntos o encima, poniendo en práctica lo que se les decía en la boda: "Seréis un solo cuerpo y una sola carne". Si se hiciera una versión actual de este tipo de colchones y somier, puede ser que muchos abogados de matrimonios, fueran al paro.

Como el matrimonio que vino a Cogollos de la Duquesa, me había dejado el teléfono, los llamé para comunicarles la puesta es marcha de la "Casa Rural con Encanto", y que hicieran el favor de decirlo a los compañeros más estresados, taquicárdicos, agobiados y empastillados.

Dos días después tenía la reserva para el fin de semana. Les envié por correo el plano para llegar al pueblo.

 

 

Era viernes por la tarde, cuando llegó un matrimonio con una niña de ocho años.

Bajaron de un todo-terreno y ... la cara de la señora resplandeció. -¡Que casa!¡Auténtica de montaña!¡Que felices vamos a ser cuarenta y ocho horas!

Nos presentamos. -Me llamo Anselmo, bienvenidos a Cogollos de la Duquesa.- Nosotros somos Selen , Nach y nuestra hija Yoli.- Vendrán de Marte, pensé, vaya nombrecitos.

Les enseñé la casa. Éxito total. Tocaron todas las porquerías, perdón, antigüedades, que había colgado en las paredes. Después la señora preguntó, si en vez de luz eléctrica podía poner velas en el comedor. Les respondí que no había ningún problema, pero si querían algo especial, podría traerles ya preparadas, unas lámparas de petróleo  que tenían "sabor a siglo XIX"-¡Grandioso!- Replicaron. En este momento, Nicasio que tenía el único burro del pueblo, lo acercó a la casa y le tiró del rabo, el cabreo del animal se tradujo en varios rebuznos y una coz, poco faltó para que le diera de lleno. La familia quedo petrificada, "un rebuzno auténtico y en directo". ¡Qué nuevo mundo estaba ante ellos!

Nach sacó el móvil para llamar a un amigo. -Lo siento, aquí  no hay cobertura, si quiere llamar tiene que ir a Casa Reme, junto a la Iglesia.

-Aquí en el patio les dejo una cuerda, si necesitan algo, tiren y sonará una campana en la casa siguiente, así me avisarán. Mañana les traeré el "desayuno de montaña", y podrán salir por su cuenta o seguir una serie de actividades que les hemos preparado. Siéntanse como es su casa.

Era una noche muy agradable del mes de julio, estaba charlando con Calixto y echando un cigarro. Calixto era el dueño de la casa más próxima, la que tenía la "conexión por cable-cuerda de alto rendimiento", nunca fallaba. Eran más de las doce, y los chirridos de la cama de mi abuela, podían oírse en el silencio de la noche acompañado por el canto de los grillos. -Ves Calixto, como tenía razón con la cama, es la mejor para unir a los matrimonios.

A las nueve de la mañana llamé a la puerta, Selen apareció en ella, su cara era distinta, no tenía el "rictus  de mala uva", tan corriente en la vida de la ciudad. -Pase, buen hombre.-Debía ser yo, ya que no había nadie más.- Me dirigí a la mesa y dije:-Señora, aquí le traigo un pan "hecho a mano", una olla de aluminio con leche "ordeñada a mano", un queso "meneado a mano", como comprobará, aquí todo lo "hacemos a mano". Ella estaba contenta, dejando atrás el sueño. Me contó, lo que se podía contar de la noche. Me dijo que todo fue "genial", debo ser un maestro en organización, y yo sin saberlo. Que durmieron "de fábula", yo siempre lo había hecho a pierna suelta. Que les hizo "ilusión" despertarse con el canto del gallo, por mi parte me acordaba siempre de los difuntos del gallo cuando cantaba. La única pega que puso, es que Yoli su hijita decía que se aburría porque no había tele. -Ya; pero usted comprenderá que ésta es una "Casa Rural con Encanto", con las características propias del lugar, además aquí no llega la señal; pero si lo hiciera, rompería el "sabor de hogar".- Ella asintió, aceptando mis palabras como "un dogma rústico".

-A las diez vendré para llevarles a los lugares de interés. ¿De acuerdo?-

A la hora convenida, estábamos Calixto y yo en la puerta , llevábamos unos vaqueros, zapatos deportivos, y camisas "tipo leñador", por eso de la imagen, aquí la leña nos la traían cortada, lo de las camisas era nuestro "uniforme de guía".

Se abrió la puerta de la casa, y aparecieron los miembros de la familia vestidos por la sección de montaña de algún Gran Almacén. No les faltaba detalle: botas especiales para "treakking", calcetines, pantalones cortos con bolsillos, chalecos con más bolsillos, mochilas, y cámaras digitales. Creo que si traducimos el valor del equipo a euros, nos daría para comer a los habitantes del pueblo más de un mes. Yo les di a cada uno un "garrote pintado", típico utensilio de nuestra localidad, y nos pusimos en marcha.

Les expliqué, que aún no perdiendo el genuino "sabor rural", nos estábamos adaptando a los posibles gustos que la sociedad urbana demandaba, así tendrían ambas cosas.

Por ello, había un camino para las cabras que conocía desde pequeño, con buena cantidad de desniveles y piedras. Le pusimos en el primer árbol un cartel que decía: Sendero Rural nº 1 Ayuntamiento de Cogollos de la Duquesa. Solo estaba éste, era para probar el efecto que causaba en los visitantes.

La familia comenzó a caminar con nosotros, estaban llenos de ilusión y alegría, ya podían  contar a los amigos que "habían hecho senderismo".

En un recodo del camino, había otro cartel que decía: Rocking, les expliqué que allí podrían aprender a tirar piedras y cantos rodados, a mano o con honda, por ello, el nombre del cartelito. Calixto, antiguo pastor, les enseño a tirar piedras y les vendió una honda. Les advertimos que desconocíamos  si existía alguna ordenanza o norma sobre el uso de tan rural artilugio, ya que como pocas cosas tienen que estar sin regular en este país, es posible que en la ciudad tuvieran que sacarse un permiso de "tenencia de honda" y haber sacado algún titulo, ya que como se sabe, si no tienes papeles, no sabes usarla. Calixto podía ser un ilegal, ya que la había utilizado sesenta años.

Seguimos otro trecho, en que eran continuas las frases: -¡Que flor!¡Qué chuli mami!¡Esto es vida!- Y cosas por el estilo. Los del pueblo debemos vivir como reyes, y no nos damos cuenta. Las fotografías eran continuas; frente a una piedra, subidos a las ramas de un árbol, etc., pocos puntos del "sendero" quedaron sin inmortalizar.

Llegamos a un lugar donde estaba un riachuelo, la razón es que habíamos preparado otro cartel que decía: "Pesca Ecológica de Truchas". -¿Se puede pescar?-preguntaron. -Claro que sí, pero es una pesca respetuosa con el medio ambiente, se saca una trucha, se hace la foto, y se echa al río.-No creo que a las truchas les haga puñetera gracia, pero trabajan para su pueblo, así que se sientan realizadas como "trabajadoras rurales". -Sí, dijo la pareja, nosotros somos ecologistas, seríamos incapaces de matar a una pobrecilla e indefensa trucha.- Pues para comer, uno de los platos es Trucha en Salsa Campera.- La repuesta fue inmediata:- Eso es distinto, una cosa es matar a los "bichitos" y otra comerlos, ya que somos defensores de la naturaleza.- Lo que aprende uno con la gente "tan preparada". Pues no había caído yo en el detalle. Sacaron cinco Truchas, se hicieron más fotos, y las depositaron con mimo en el río.

Era casi la una de la tarde, cuando llegamos a la casa de la Tía Tomasa. Selen dijo:-Se huele a tierra, el aire es limpio, sin contaminación, y hay una aroma agradable que no puedo definir. ¿Qué es? Pues no se señora, pero puede estar tranquila, no es nada perjudicial.- La verdad es que el olor era de "moñigos" excrementos del ganado, pero cualquiera rompía "el encanto".

Tía Tomasa, tenía una vaca, cabras, conejos, gallinas, perros, gatos, y algunas lagartijas, pero éstas no se dejarían ver. Un cartel decía: "Reserva Natural Tía Tomasa, prohibido dar patadas y perseguir a los animales". Esta paisana les obsequió con limonada fresca, y les invito a recibir un curso de ordeño de vaca. La señora Selen se agarró a las tetas y las estrujó, ya se sabe que las mujeres son más propicias a las nuevas experiencias. La pobre vaca la miraba con resignación. Tras los consejos de la dueña, sacó leche, y dijo: -¡Lo conseguí!- Palabrita que repiten en cientos de películas y series de televisión, tras la cual se chocan las manos como en los partidos de baloncesto. Y lo mismo da, que sea por una difícil operación quirúrgica, o por llevar a buen termino una receta de cocina.

Seguimos camino, tras otro trecho de "Caminating", llegamos al final del sendero. Allí estaba mi amigo Camilo. Tiene su casa en lo más alto, con unas estupendas vistas. Ya había preparado una mesa a la sombra de los árboles. Les sacó tortilla de patatas, conejo frito con tomate, y "truchas en salsa", un vino riquísimo, y agua del manantial del Pata Chula, era el apodo se su descubridor.

Comieron de todo, hasta no poder más, no en balde se pasaban la vida comiendo porquerías, perdón, comidas rápidas, calentadas con el microondas. Cuando terminaron, hicieron una pregunta:-¿Y qué se puede hacer ahora?- Yo pensé: Siempre se tiene que estar haciendo algo, es que los de ciudad todavía no han aprendido a no hacer nada, de nada. Bueno, como lo sospechábamos, pues sí, también estaba prevista una actividad para después de comer.

-Pasen por aquí, que Camilo les ha preparado una "zona de relax".- ¡Como aprendemos las técnicas modernas!

Debajo de un grupo de árboles, donde corría un fresco agradable, había varias hamacas, unas de suelo y otras de malla, de las que se cuelgan. Corrieron alborozados y dijeron: -Vamos a practicar la "siesting",- para los del pueblo, la tradicional y benefactora siesta española.

Tras descender por el mismo camino, me despedí de la familia hasta el día siguiente. Les comuniqué que la mañana del domingo era libre, para "las compras", ni que estuvieran en Londres, pero da postín al pueblo decirlo. También podían visitar la Iglesia, había Misa a las diez de la mañana, si no eran creyentes, era lo mismo, podían asistir para ver "una Misa rural". Y tendrían una comida de despedida en Casa Reme.

Todo había ido de maravilla, se fueron contentos con la "experiencia", creo que no fue mística, ya que dieron buena cuenta de los productos de la cocina de Cogollos de la Duquesa.

Habíamos ganado dinero haciendo lo de siempre, y nos sentíamos bien, como si fuéramos de una ONG de defensa de los Derechos Humanos de los habitantes de la ciudad. Los habíamos hecho felices unas horas, antes de volver de nuevo al torbellino de las prisas, a las cosas que hay que hacer, y las que te obligan por ser una familia del siglo XXI.

El lunes contaron "la aventura" a familiares, amigos, y a los compañeros de trabajo. Pondrán en la pantalla del ordenador las fotos del ordeño de la vaca, la risita de la nena en la naturaleza, o la trucha que pescó temerariamente el padre. La pena que me da, es que el martes ya ni se acordarán de lo que ocurrió en el fin de semana, porque no hay tiempo para pensar ni recordar, sólo les quedará una esperanza, que llegue el viernes, para comer, caminar, hablar y...ustedes ya me entienden, que como uno es fino, diré amar, que es más bonito.

 

 

Después de esta primera experiencia, hemos arreglado el pueblo, la casa de Reme es un restaurante, y la parte de la tienda, se llama Multicentro  Hilario´s.

Yo vivo en la casa de siempre, sólo que ahora tengo suelo de madera, calefacción central, antena parabólica, televisión de plasma, y un todo-terreno para bajar a la ciudad.

El pueblo ha mejorado, pero me temo que el encanto de Cogollos de la Duquesa dure poco. El otro día estuvo por aquí un directivo de la constructora: "Aires de Sierra Libre", esto puede ser el final de nuestro "Pueblo con Encanto".


Todos los nombres, y lo aquí relatado, es fruto de la imaginación, cualquier parecido con la realidad, lo será por pura coincidencia.


Texto: Poncio Emiliano


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