Jaime Alfonso EL BARBUDO


No tenía conocimiento de la existencia de este bandolero que pasó su vida haciendo fechorías por la zona del Sureste de España en el siglo XIX. Un amigo, me enseñó una fotografía de una de las informaciones puestas en las calles por el Ayuntamiento de Murcia para dar  conocimiento de los hechos históricos ocurridos en la ciudad. Me llamó tanto la atención, que yo también saqué una foto del duro final de Jaime Alfonso, apodado el Barbudo, poniéndome a indagar sobre la vida y hechos de este personaje que sembró miedo y terror por donde pasó.


Las circunstancias sociales que atravesaba España a principios del siglo XIX, propiciaron el incremento del bandolerismo. La concentración de tierras en pocas manos y la proletarización de gran números de campesinos, provocaron grandes desigualdades sociales, llevando a muchas personas al mundo de la marginalidad. A lo que hay que agregar, crisis de autoridad, dificultades económicas, clima político de confrontaciones permanentes y guerras.

Jaime José Cayetano Alfonso Juan, popularmente conocido como Jaime el Barbudo, nació en Crevillente, el 26 de octubre de 1783, era hijo de humildes jornaleros. Se dedicó hasta los veinticinco años a trabajar con los rebaños de su padre. Contrae nupcias con Antonia García el 1 de agosto de 1803 contando 22 años de edad. En 1806 está guardando unas viñas en Catral, y sorprende a un merodeador apelado el "Zurdo", que quiere robar. Para proteger sus tierras y a los suyos, se enfrentó a él con trabuco en mano, y el Zurdo murió. Los secuaces del Zurdo querían matarlo. Jaime el Barbudo desconfiando de la acción de la justicia se refugió en el monte. Existen otras versiones, como que estando en el ejército y solicitando permiso para visitar a su madre muy enferma, le denegaron la licencia, desertó y se internó en la sierra. O que estando su madre encarcelada por insolvencia, Jaime acude a visitarla en prisión,  pugna con el carcelero por los impedimentos que le pone y lo golpeó mortalmente.

Trabuco

 


 

El Barbudo extendió sus fechorías desde Alicante a la Sierra de la Pila. En Abanilla, donde pronto se hizo muy popular, mantuvo su principal baluarte. Repartía parte de sus botines entre los más pobres, pero cometía asesinatos para obtenerlos.
Durante la invasión napoleónica de la Península (1808-1814), luchó contra los franceses en la Región de Murcia. Al final de la guerra, volvió a sus actividades delictivas.
Durante el Trienio Liberal (1820-1823), Jaime se declaró enemigo de los liberales, tomando partido por los absolutistas de Fernando VII. Los liberales le pusieron precio a su cabeza. Aprovecho las circunstancias políticas como pretexto para asegurar la continuidad y sustento de su partida de bandoleros. Los periódicos de uno y otro bando, se valieron de su figura. Con la proclamación como rey absoluto de Fernando VII en 1823, el bandolero se convirtió en un verdadero héroe.
Durante los últimos años de su vida se puso en contacto con El Ángel Exterminador, un grupo ultra de Murcia. El Barbudo, en su nueva faceta de sicario, se puso al servicio de la sociedad secreta antes mencionada. Sus miembros, ya abolida la Santa Inquisición, propugnaban la eliminación de los liberales. En 1823, Jaime Alfonso recibe la encomienda «de perseguir malhechores». Volviendo a cometer nuevos excesos.
La promesa de indulto a Jaime Alfonso nunca se cumplió. Consumada la Restauración, el Barbudo se convirtió en un problema de fácil solución. Bastaba aplicar la pena de muerte que pesaba sobre él. Ni siquiera su petición de acogerse a la amnistía otorgada por las Cortes el 18 de febrero de 1823 lo salvó de la horca.
Detenido en Murcia en 1824. Fue ejecutado el 15 de julio de ese mismo año en la plaza de Santo Domingo de esta misma ciudad. Aunque su muerte fue a causa de la horca, el bandolero fue descuartizado en cinco trozos y sus despojos se frieron. Así los conservaron para trasladarlos a aquellos lugares donde más partidarios tenía. La cabeza fue expuesta en su Crevillente natal. El resto, en Hellín, Sax, Fortuna, Jumilla y Abanilla.
 


 

Información de los hechos ocurridos en la Plaza de Santo Domingo de Murcia.

Posteriormente, debido a presiones vecinales, fue retirado este cartel por el Ayuntamiento.


Texto e imagen  de Jaime Alfonso el Barbudo, obtenidos de Internet.  Introducción y foto del cartel: Poncio Emiliano.


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