Domingo es camarero desde bien
joven. Ahora cerca de los cincuenta, sigue ejerciendo su profesión, con la
que mantiene a su familia.
Es amable, diligente, y
conocedor de las personas a simple vista, dado la experiencia que ha
adquirido con el paso de los años.
Ha tenido que soportar a gente
exigente, soberbia, estúpida, y esa que se cree de "mucho señorío", pero
que en el fondo son personas con escasa educación, con mucha "fachada"
obtenida con dinero; pero que a las primeras de cambio, pasan de una
actitud de fingida finura, a otra grosera.
Hacía más de un mes que
conocía a Dª. Soledad. Y ¿Quien era Dª. Soledad? Una dama septuagenaria,
viuda de D. Cosme, Notario muy conocido en la ciudad.
Dª. Soledad tenía sus hijos
muy bien colocados, una sirvienta que le hacía las labores del hogar, y un
Canario que le servía de compañía.
Solía salir un día a la semana
con un grupo de amigas, y tenía la costumbre de ir a desayunar a la cafetería donde
Domingo trabajaba, a las nueve y cuarto en punto.
Desde que la conoció, la vida
de Domingo cambió. Todos los días el trato con ella se repetía, monótona e
inexorablemente.
Domingo a esa hora de la
mañana, estaba con sus compañeros preparando y sirviendo desayunos, que
terminaban sobre las once. Iba como una "máquina", preparando cafés,
escuchando lo que deseaban los clientes, poniendo los panes en el
tostador, cobrando,.......
La llegada de Dª. Soledad,
coincidía con una subida en su tensión arterial, los compañeros daban
gracias, a que la venerable señora, eligiera preferentemente la parte de
mostrador asignada a Domingo.
-Hola joven-¿Desea lo de
siempre señora?- Sí, pero en lugar de leche desnatada, me la pones
desnatada y enriquecida con calcio, es que tengo Osteoporosis, y he leído,
que tomar esa leche, es muy bueno a mi edad.- Lo siento, no tengo esta
clase de leche, se la puedo servir desnatada.-Bueno, ¡qué remedio!- Al
mismo tiempo , el Jefe le está diciendo que prepare una bandeja para la
mesa doce. D. Juan, otro asiduo de las mañanas, que le cobre. Dª. Soledad, prosigue: - La tostada no me la pongas
muy hecha, ya que me ha dicho mi amiga Reme, que se pueden hacer
cancerígenas.-No se preocupe señora, se la serviré suavemente tostada.-El
café, que lo tomo descafeinado de sobre, me lo pones de máquina. ¡Como me
gustaría tomar café café! Pero mi tensión no me lo permite.- De acuerdo
señora-Domingo sale zumbando a servir a los empleados de la Caja de
Ahorros de la esquina, donde tiene el préstamo personal por la boda de su
hija.
A lo lejos, oye una vocecilla
diciendo:-La mantequilla, me la pones baja en grasas- ¡Sí, señora!-
Responde nuestro sufrido camarero.
La cabeza de Domingo, parece
que va a estallar, pero viene con todo lo que ha pedido Dª. Soledad.
Ella empieza a disfrutar de su
desayuno, cuando lo ve pasar cerca.-Por favor.- Sí dígame.-¿Me pone
mermelada de melocotón? Es que me la ha puesto de fresa, y me produce
acidez. Yo estoy operada de Vesícula y "me sienta bien los churros con
chocolate", pero no la mermelada de fresa.-
Aggg.....Domingo creía morir,
estaba como la olla a presión donde su mujer hacía el cocido. -Aquí tiene
la mermelada.-Gracias hijo.- Respondió ella.
Terminó y miró al protagonista
de este relato, con esa dulzura que le caracterizaba.-Por favor-¡Por
fin!-Pensó Domingo. Va a pedir la cuenta. Pues no. -¿Me puede dar
agua?-Claro señora.-Me la pones natural.-¿La quiere de botellín?-No, del
grifo.- Aquí está, y le traigo la cuenta, son dos Euros.- La señora bebe
un sorbo y comenta:-El agua está muy dura, sabe a cloro.-
Domingo ya no aguanta, se
encendió, como un "árbol de Navidad", veía lucecitas de todos los colores,
sin saber donde estaba dijo:-¡Que el agua está dura!- Y ¡Zasss! Le dio con
la bandeja a Dª Soledad, que desapareció tras el mostrador.
-¡Domingo!¡Despierta que son
las nueve!-¿Qué ocurre?- Su mujer lo llamaba, se le había olvidado poner
el despertador.
Se incorporó temblando,
estresado. Hasta que se dio cuenta de la situación, no se tranquilizó.
¡Gracias a Dios! Todo había sido una pesadilla. No era verdad lo del
"bandejazo" a Dª Soledad.
Con escalofríos en el cuerpo,
fue a afeitarse y ducharse, era tardísimo.
Mientras se vestía, pensaba lo
malo que era para las personas, el "ir a cien", atendiendo a más trabajo
del que se puede, esto te podía llevar a una enfermedad, o a tener una
reacción violenta con el más inocente.
Las nueve y veinte
minutos. Suena el teléfono. Es su Jefe desde la cafetería.-Hola Domingo.
¿Qué pasa?¿Estás enfermo?-No, es que me he quedado dormido, perdone
Jefe.-Nada, no te preocupes. Por cierto, aquí está Dª Soledad, que me ha
preguntado por ti. Ha dicho:-¿Donde está ese camarero tan simpático que
me sirve todos los días? ¡Qué bien me atiende y sabe mis gustos!-
Domingo colgó, se acercó a la
ventana y miró la calle. Pensó un instante:
-Hay gente que te quiere, no es lo ideal que sea por interés, pero al
menos sabes que te quieren; aunque sea para servirles el desayuno.