El Pintor Puré


Trayectoria y triunfo de un artista del pincel.


Voy a describiros a grandes rasgos la lucha de un hombre por llevar su obra a lo mas alto, cosa que muy pocos consiguen, pero que algunos dotados especialmente por el destino de una gran inteligencia, después de años de preparación y dándoles la mano la suerte, ven coronados sus esfuerzos como recompensa a su tesón y maestría.

El verdadero nombre de Puré es Matías Cenajo. Nació en una familia de economía modesta, su padre era funcionario y su madre se dedicaba a coser para sacar la familia adelante.

Los Cenajo, tenían dos hijos varones más. Eran el orgullo de sus padres, pues habían logrado la aspiración que todos los buenos progenitores desean, el que sus hijos sean algo más que ellos. Me refiero a la situación económica, ya que moralmente era una familia intachable.

Los hijos mayores no quisieron profundos estudios como sus padres deseaban, ya que por lo que vieron en su casa, aunque comían todos  los días, predominaba la escasez. Por ello, fueron hombres de provecho, estudiaron lo mínimo para conseguir sus propósitos. Uno se hizo promotor inmobiliario, y es rico. El otro puso una empresa de fontanería, y es rico.

Matías  comunicó a sus padres y hermanos que quería  dedicarse a la pintura artística. En el hogar fueron días de discusiones y tensión. -¿Que va a ser de mi hijo?- Decía la madre. -Sácate unas oposiciones.-Decía el padre. Por su parte los hermanos trataron de convencerlo de que se dedicara a la pintura de brocha gorda, que eso daba dinero, y si se unía a ellos en el ramo de la construcción se iba a forrar. Pero él se negaba terminantemente, era su vocación y tenían que respetarlo. Sus padres no tenían dinero para costearle los estudios. Por su parte los hermanos se negaron en redondo, a no ser que lo hiciera por afición, pero que pintara arreglos  en viviendas que era más provechoso.

Tuvo la suerte que su anciana madrina, que tenía un pié aquí y el otro junto al Creador, le diera sus ahorros de toda la vida, ya que siempre lo había querido, y antes que cayeran los cuervos sobre su herencia, era mejor que sirviera para ayudar a Matías en su vocación.

Matías marchó a Madrid, y en un bloque antiguo de siete plantas encontró un apartamento que daba a un patio interior. Era lo único que podía permitirse con el dinero que tenía, ya que le debería  durar el tiempo de sus estudios.

Se preparó con un grupo de magníficos profesores, que le enseñaron todas las técnicas de pinturas, composición, obras de los clásicos, etc. El dibujaba  y pintaba con soltura, visitando el Prado y buscando paisajes que les sirvieran de inspiración. En los momentos de depresión, cuando no le apetecía salir, pintaba lo único que se veía desde su ventana, el tendedero y el sujetador de Dª Lola su vecina de enfrente, mujer madura de generosos pechos. El sujetador lo pintó en estilo cubista, puntillista, abstracto, etc. Nunca habrá sido pintado un sostén tantas y variadas veces.

Matías pensó que tenía que cambiarse el nombre por algo más sonoro y en consonancia con su actividad. Se acordó del Puré de Lentejas que hacía su madre una vez por semana, y ¡Zass! Lo adoptó como seudónimo. Firmaría sus obras como-Puré-.

El tiempo fue pasando, los estudios académicos estaban prácticamente acabados, no obstante un artista siempre tiene que seguir preparándose y ensayando nuevos métodos de trabajo.

El dinero se terminaba, y el estómago cada vez producía más gamas de sonidos en su protesta por no recibir el pan de cada día. Una noche se acercó al frigorífico y encontró una lata de atún  y mermelada de fresas. Pensó que nunca había probado esta mezcla, y le salió un "Fresatún", que recordaba a las comidas de Usa, por lo de las mezclas raras que hacen desde el punto de vista latino.

Su obra era excelente, pero los expertos aducían que tenía poca salida, porque para las personas poco entendidas era cara, y a los otros no les interesaría, porque buscaban pintura-inversión,  firmas cotizadas al margen del espanto que pueda producir a los ojos la visión de algunas de estas obras.

Una mañana, un amigo le dijo que su cuñada necesitaba un cuadro. Él se lo ofreció y le pidió 10.000 Ptas. de las antiguas. Pero le extrañó lo de "necesitaba". Después comprendió lo que se admira el arte por algunos. La cuñada tenía una raja  en la pared. Pagó por un marco 30.000 Ptas. y terminó con el problema. Eso suele  ocurrir, algunos pagan con más gusto un marco hecho con maquinaria en una fábrica, que la obra de un artista hecha a mano para ponerla dentro de ese marco.

Otro día... ¡ese si que fue un buen día! Llegó a su estudio D. Florencio, hombre que negociaba en arte y que buscaba nuevos talentos. Vio toda su obra y quedó impresionado por la técnica de que hacía alarde. Pero le dijo: -Mira, estos cuadros quizás los puedas vender en un mercadillo o bien "al peso" para adornar pisos piloto, pero la gente busca lo que no entiende y más lo que puede venderse mañana por el doble o triple.- Lo mismo de siempre el "valor dinero", no el valor arte.  De repente quedó fijo mirando al suelo, se acerco detrás de un caballete y sacó un lienzo lleno de manchas de colores con cristalitos incrustados. -¡¡Que maravilla!!¡¡Que obra!!- Matías quedó estupefacto. ¿Que era eso? D. Florencio lo puso apoyado en la pared y se quedó absorto. -Te doy 500.000 Ptas.- Matías, que no salía de su asombro, no articuló palabra. Fue interpretado como negativa, y la oferta subió al millón de pesetas. El cuadro lo vendió, y se puso a investigar de donde habría salido. La razón de tan "magna obra" fue que Bety la gata que le acompañaba, había tirado unos preparados que tenía sobre la estantería, con tan buena fortuna que habían quedando pegados los cristales hechos pedazos sobre un lienzo virginal que apoyaba en ella. Comprendió que la suerte siempre esquiva, por fin le había dado la mano. Y por otro lado, se fue a la pescadería para darle un festín a tan magistral ayudante.

Desde este momento, sus cuadros se vendían con normalidad y el nombre de Puré no solo recordaba a la cocina, si no ha un pintor con ideas revolucionarias en el arte. Dejó de pensar en el dibujo. Abandonó la mayoría de conocimientos académicos de su carrera. Solo pintaba cosas de clara interpretación, retratos, bodegones, paisajes, etc.,para la colección personal, que por supuesto, solo él sabía de su existencia, ya que podía ser peligroso para su carrera que saliera a la luz pública. 

En este momento  de reconocimiento como pintor revelación, con el espaldarazo de la crítica, los medios de comunicación y la opinión pública, le vino su oportunidad definitiva.

El había empezado a hacer dinero, pero seguía viviendo en la misma casa, su sueño era un chalet en Mallorca. Recibió una carta desde Nueva York, donde se le invitaba a realizar una obra de 36 m. cuadrados para exhibirla en unión de otras de los  nuevos valores, participando en un concurso promovido por Nikango. co., empresa japonesa  fabricante de artículos de limpieza situada en Estados Unidos, y con trabajadores en Indonesia.

Miró pensativo al patio interior desde su ventana. Un calculo a ojo le hizo comprender que tenía más de esos metros. Habló con la comunidad para pedirle permiso para instalar la pintura en este elemento común. 

El día elegido, Matías (Puré) subió a la azotea a las 10 de la noche, para no molestar a los vecinos. Llevaba pinturas de diversos colores, disolventes, aglutinantes, algo de cemento, trozos de ladrillos, miniaturas de señales de tráfico y algunas cosas mas.

Puso en el radiocasete que le acompañaba El Revolucionario de Chopin, que aunque corto es intenso, y pensó en la angustia del vencimiento de una letra y en la próxima declaración de Impuestos. En los pocos minutos que duran los compases de la música, llovieron desde la azotea al patio todos los materiales descritos. Terminado el trabajo y exhausto, bajo a casa, se tomo un copazo, y se entrego a un largo sueño, dejando el cuadro en el patio hasta el día siguiente.

A las ocho y tras tomar un café, fue a ver de cerca su obra. Pidió permiso de paso al vecino del primero para verla desde la ventana, y al asomarse... ¡¡Cielos!! ¡¡Impresionante!! Un revoltijo de ladrillos, pintura, cables.... todo lo que había tirado. Pero no era eso solo, es que en el transcurso de la noche y debido al viento que hizo, cayeron los calzoncillos de D. Pascual vecino del 4º derecha, pinzas de la ropa, cigarrillos, y lo mas importante, un mando a distancia de TV que había tirado el niño del ático (se lo pagó a su dueño, porque era la guinda, no podía quitarlo).

Debidamente embalado, y con un fuerte seguro, se expuso en N.Y. con éxito total. Fue su consagración definitiva como artista mundial. Una de las innumerables críticas decía: "Ayer pudimos asistir al nacimiento de una de las figuras que más van a brillar en el firmamento del arte en el siglo XXI, su obra - Metaguarrosis - ha convencido por su fuerza, por su alarde de decir las cosas como son. Es un grito profundo de la sociedad urbana, elevándose desde arcaicos conceptos hacía una profilaxis de la esencia del ser humano para alcanzar el Cosmos". Ante estas palabras.¿Que se puede decir? El triunfo mas absoluto.

Hoy en día Puré tiene su mansión en Mallorca. Una cala preciosa  está a sus pies en una zona exclusiva. Está totalmente consagrado, cualquier cosa que firme es dinero que se revaloriza vertiginosamente. Pero Matías, sensible y humano, no ha olvidado su pasado. Sabe que fueron muchas sus dificultades por personas que no confiaron en él. Otras le ayudaron en sus peores momentos. Su madrina que aún vivía, a la que tanto le debía, estaba en la mejor Residencia de Madrid. 

Pero el ser que le dio un vuelco a su suerte, abriéndole las puertas de la fama, fue su gata Bety. En el mejor sitio de la casa colocó un precioso cuadro con su imagen y un rótulo que decía:

"Agradecimiento  a mi querida  gata Bety, que por tirar las pinturas,  hizo posible que mis sueños se convirtieran en realidad".


Texto: Poncio Emiliano.


Todo este relato es fruto de la imaginación, cualquier parecido con hechos reales, lo será por pura coincidencia.


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