Este es el relato de los hechos que ocurrieron hace muchos años, y en que se vio implicado un perro Terranova.

La raza Terranova se caracteriza por su fuerza y actividad. Es noble y majestuosa. Es un perro de tiro y de agua, tiene un instinto especial para el salvamento.

El dueño del perro era el Alférez de Navío, D. José María Enríquez Fernández, de Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz. Prestaba su servicio en el Crucero Reina Regente.


 

 

Esta unidad de la armada, fue construida en Gran Bretaña, y botada el 24-2-1887. Desplazaba 4.664 Tm. Tenía una velocidad de 20 n. aunque cuentan que nunca pasó de 14 n. Su armamento principal lo constituían  4 cañones de 24 cm. Dos a proa, y dos a popa, en montajes independientes, y seis de 12 cm. Necesitaba para su navegación y servicios de 372 hombres.

Le fue entregada la Bandera de Combate el 3-6-1888 por la Reina Dª María Cristina en el puerto de Barcelona.

La unidad tuvo diversas misiones, siendo de destacar su presencia en Barcelona por motivo de la Exposición Universal. Su estancia en Génova por el cuarto centenario del descubrimiento de América. El viaje a la Habana, y su posterior  visita al puerto de Nueva York, en el año 1893.

Algunos de sus comandantes informaron, de que aunque la unidad estaba en buen estado, debido los pesos altos por las piezas de 24 cm. se hacía inestable para la navegación, y aconsejaron su cambio por cañones de 20 cm.

El año 1895, iba a ser nefasto para el Reina Regente. Se le encomendó la misión de llevar a Tánger la embajada del Sultán de Marruecos. Salió de Cádiz el 9-3, siendo su comandante D. Francisco Sanz de Andino. Querían volver a Cádiz el día 10, para estar presentes en la botadura del Crucero Carlos V, la mayor unidad construida en España.

Llego a Tánger al anochecer. El día 10 por la mañana, salió rumbo a Cádiz. A tres millas de la costa vieron detenerse al buque, puede ser que tuviese algún problema en las máquinas. El tiempo era espantoso, con fuerte oleaje y viento huracanado. Los capitanes de dos mercantes, el Mayfield y el Matheus, informaron con posterioridad, que a pesar de la mala visibilidad, lo observaron luchando contra el temporal, y dando fuertes bandazos.

El Reina Regente naufragó. Tras un período de tiempo, que hizo temer lo peor, las sospechas se hicieron realidad, tras aparecer los restos del naufragio en las playas gaditanas.

Salieron en busca de supervivientes varias unidades, entre las que se encontraban el Alfonso XIII, y el Isla de Luzón, pero fue totalmente infructuosa. Con el crucero, se perdieron 412 hombres. La tripulación, y alumnos de la escuela de artillería que estaban en el buque.


Con el paso del tiempo, se supo, que sí había habido un superviviente, el perro Terranova del Alférez de Navío D. José María Enríquez Fernández. El animal por lo visto, se subió al hundirse el navío, en un enjaretado del crucero (el enjaretado es un tablero formado por maderas en forma de enrejado). Eso lo salvó, porque a pesar del temporal, un barco inglés que estaba buscando en la zona lo encontró.

El perro quedó en el barco inglés para alegría de su tripulación. Era un bello animal,  con mucha suerte, por haber escapado de las profundidades.

Pasaron los meses, y el buque tuvo que ir a Sevilla. Como para subir por el río Guadalquivir, hay que pasar por Sanlúcar de Barrameda, el barco atracó para recibir instrucciones para la navegación. El perro reconoció el lugar, y se lanzó al agua nadando hasta la costa.

Se dirigió a la casa de los apenados padres de José María, causándoles sorpresa y emoción, el hecho de que el perro de su desaparecido hijo volviera al hogar. La noticia fue conocida por la ciudad, produciendo asombro los acontecimientos vividos y la inteligencia de tan fiel animal.


 Texto: Poncio Emiliano


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