Granada está situada al Sur de España, es una de las ocho provincias de Andalucía.

La he visitado  en varias ocasiones y por períodos cortos de tiempo, mi imagen de la ciudad y alrededores se ha formado como un mosaico de fotografías. Es lo que le ocurre al turista que quiere abarcar muchas cosas en pocos días, que al final cuando regresa, no tiene claro lo que ha visto, ni donde estaba. Lo recuerda mirando las fotos o vídeos que sacó en su momento. Y os tengo que decir, que Granada necesita tiempo para ser saboreada como se merece, ya que os conquistará.

La primera vez, fue por motivo de la boda de mi mejor amigo. Fui en tren, y me fascinó contemplar a lo lejos las cumbres de Sierra Nevada. Nunca había visto la nieve real, siempre a través de fotos y cine. La boda tuvo lugar ante la Virgen de las Angustias, patrona de la ciudad. Bella imagen de La Virgen, que refleja en su rostro el dolor de tener a Jesús yaciendo sobre sus brazos.

La segunda vez, fui a conocer Granada, tenía que ir a la Alhambra, al Generalife, y a donde pudiera, en los días de que disponía. Era el mes de junio.  Mes estupendo por la climatología, y también porque los jardines se llenan de flores.

Subí a Sierra Nevada, que tenía en esas fechas poca nieve, pero me daba igual, era increíble ir en manga corta, pisar y tocar la nieve. Sierra Nevada es el macizo más importante de la Penibética, y en ella se haya el Mulhacén, el pico más alto de la Península Ibérica con 3.478 metros. Tiene todo tipo de instalaciones para los que practiquen los denominados deportes de invierno. Pude ver el Pico de la Veleta (3.392 metros), así como su observatorio. Era por la tarde y el día estaba muy claro. Desde esa altura divisas un precioso paisaje de cumbres, algunas envueltas en el manto de la neblina. Comprendo a los amigos de la escalada, lo que deben sentir cuando después de enorme esfuerzo, llegan a la cima. Pero en este caso no es necesario, puedes llegar  bastante alto por una buena carretera.

 

Pico de la Veleta en Sierra Nevada.

 

Recorrí el centro de la ciudad con mis amigos, me enseñaron la Catedral, la graciosa calle de la Alcaicería, el Corral del Carbón, carrera del Geníl, etc. Por la tarde fuimos de nuevo a seguir el recorrido por donde lo dejamos, y me encontré en el Paseo de los Tristes, mirando hacia la Alhambra, aparecía esta en alto, emergiendo de una masa de color verde de los cientos de árboles que la acompañaban, resaltaban sus torres, y pensé:¡Qué listos eran nuestros antepasados! Que bien se instalaron.

 

La Alhambra desde el Paseo de los Tristes.

 

Al día siguiente, fuimos a la Alhambra. Se llama así por sus muros de color rojizo, y se encuentra situada frente a un barrio  muy especial, el Albaicín. Desde ella se domina toda la ciudad. Los monarcas Nazarís a través de muchos años, fueron construyendo torres, depósitos, baños públicos, dependencias, etc. A Yúsuf I y Mohamed V, (1333 a 1391), les debemos muchas de las construcciones que podemos visitar hoy en día. Después de la conquista de la ciudad por los Reyes Católicos, y en tiempos del Rey Carlos V, se construyó el palacio de su nombre. Comprendo que se enamorara del lugar, pero pienso que podía haberlo construido en otro sitio.

¿Qué os puedo decir de la Alhambra? Que los que opinan que tiene misterio, que te llega a calar muy dentro, tienen mucha razón. Muchos escritores y músicos plasmaron en sus obras el sentimiento que les produjo contemplarla. Recuerdo en este momento a  Washington Irving, que escribió los Cuentos de la Alhambra, y a compositores como el mexicano Agustín Lara y  el español  Isaac Albéniz, con sus Granadas.

 

Torre de las Damas.

 

Estuve en La Alcazaba, el fabuloso Patio de Arrayanes, donde te embarga la serenidad al ver reflejarse en su estanque la imagen de las columnas y arcos bellamente decorados, todo presidido por la Torre de Comares, que os mira desde lo alto. La Torre del Peinador de la Reina, desde donde divisas una vista preciosa del Albaicín.

 

Peinador de la Reina.

 

Visité el majestuoso salón de Comares o Embajadores, lugar donde se celebraban las audiencias y recepciones. Adornado exquisitamente con estucos, y azulejos en sus zócalos.

Paseé por al Palacio de los Leones, llamado así por los leones de piedra que rodean su fuente. Tiene salones bellísimos, fuentecillas, que le dan un carácter más intimo. Está lleno de un bosque de columnas, que ornamentan su patio.

 

Patio de los Leones.

 

Es difícil, que os pueda explicar la maravilla de la Alhambra, es necesario verla. Pisar su suelo, y pensar que hace años los Reyes, su personal, y demás súbditos, vivían y paseaban donde tu estas. El problema es que mucha gente quiere verla. Os recomiendo que reservéis el horario de la visita, ya que en épocas de vacaciones la afluencia de público es enorme. ¿Ves que tranquilo está el Patio de los Leones? Pues había turistas en el, pero gracias a la magia de un buen programa de retoque fotográfico, desapareciero

Junto a la Alhambra, están los Jardines del Generalife, es el prototipo de los Cármenes granadinos. Se creó para recreo de los monarcas nazaríes.

 

Generalife. Jardines y fuentes.

 

El atractivo del Generalife, radica en la majestad de sus árboles, sus flores, la mezcla de las construcciones con el mundo vegetal, que da la sensación que pertenecen a este.

 

¿No parece todo uno?

 

Y sobre todo, lo que más me llegó es el murmullo de sus fuentes, el susurro de sus pequeñas cascadas. Si esto lo mezclas con un día luminoso, la sensación de bienestar te embarga por completo. Yo lo visité por la mañana. ¿Qué será hacerlo en el atardecer y en buena compañía? Pues os lo podéis imaginar.

 

Detalle de un trabajo maestro.

 

En nuestro caminar  llegamos al Patio de la Acequia. Es alargado, su fuente llena de múltiples chorrillos que se cruzan, hace que me quede "con la boca abierta", y pienso: ¡No me quiero ir!

 

Patio de la Acequia.

 

 

La tercera ocasión en que pude ir a Granada, visité La Cartuja. Está situada al comienzo del camino de Alfacar, y fue construida por los cartujos a finales del siglo XVI. Visité su interior, el refectorio, las celdas de los monjes, y un recoleto jardín con una fuentecilla. Está llena de riquezas artísticas.

 

Claustro y Torre.

 

Lo que más me impresionó, fue el ábside y el Sancta Santorum o Sagrario, obra barroca, que fue concebida como un camarín bajo, un lugar cerrado para acoger a la Sagrada Forma.

 

Presbiterio.

 

Pero no dejéis de ver la Sacristía. Situada a la izquierda del Presbiterio. Os abrirán la puerta y pensaréis: -¿Después de lo que he visto, la Sacristía?- Pues sí, no es una Sacristía corriente, es otra maravilla granadina. No siendo muy grande, da la sensación contraria debido a su decoración a base de yesería blanca. Por donde mires verás arte. No te olvides de visitarla.

También en esta ocasión, fui por la zona de Las Alpujarras. Esta comarca, está situada en las estribaciones de Sierra Nevada. Es rica en recursos naturales, y vive en gran medida del turismo. Dispone de balnearios y aguas termales. Sus pueblos son pintorescos, blancos y se adaptan perfectamente al paisaje.

 

Calle típica de pueblo de las Alpujarras.

 

En Lanjaron tomé su agua directamente, y no como la había hecho hasta hora, embotellada. No recuerdo bien por los pueblos que pase, pero están en esta comarca: Órgiva, Capileira, Pórtugos, y el de mayor altura de España, Trévelez, entre otros. Estuve en un manantial de aguas ferrosas, las piedras estaban teñidas de color amarillo rojizo. Existen miradores, desde donde se pueden ver valles y montañas. Y algo muy importante, parar y comer los productos de la tierra, migas, jamones, chorizo... todo muy rico.

 

Paisaje de las Alpujarras.

 

Por último, me di una vuelta por Granada. Sintiendo sus calles, su enorme tráfico y la pujanza de su comercio.  Visité la iglesia de San Juan de Dios, su retablo estilo churrigueresco es dorado, sencillamente impresionante. Finalmente fui a parar al Campo del Príncipe, y vi al Cristo de los Favores. Una plaza, que me resulto muy agradable. Como podéis observar, tiene duende, como muchos sitios de esta bella ciudad.

 

Campo del Príncipe.

 

He dejado para el final, mi paso por el encantador, especial e interesante barrio del Albaicín. Es una delicia pasear por sus calles, entrar en sus comercios, y por último llegar al Mirador de San Nicolás. Una espaciosa explanada que os permite ver la Alhambra justo enfrente, y a lo lejos detrás de ella, Sierra Nevada. Si vais por la tarde, esperar que se ponga el sol, poco a poco, se irá dorando, y cuando la noche llegue, se iluminará, recordándonos que nos espera en otra ocasión.

 

 

Con esto llega a su fin mi relato. Me quedan muchas cosas que ver todavía. Pero si tenéis pocos días, y queréis estar en  varios sitios, dedicárselos a Granada, que no necesitáis correr muchos kilómetros para ver parte de la Historia de España, las montañas nevadas y pueblos con encanto. Y te aseguro que sentirás el embrujo de esta tierra.

 

La Alhambra desde el Mirador de San Nicolás.

 

 


Texto y fotografías: Poncio Emiliano.


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