Kilitos de Más

 


Cualquier celebración, reunión familiar o de trabajo, para que sea tal, hay que hacerla en este país sentados en una mesa bien servida de toda clase de manjares.

Pero dada la presión social, y la cercanía de la playa, hay que ponerse a dieta, para que los cuerpos...¡Qué ilusión! Vuelvan a tener los kilos de hace años. Para postre, si vas al médico, te ponen en la ficha, obeso, cosa que para muchos es insultante, aunque sólo quiere decir que tienes peso de más. Y si encima, te hacen un análisis de sangre y te sacan: colesterol, triglicéridos de mala uva y quien sabe que, diciéndote: -O adelgaza usted, o pronto dejará de pagar las letras del piso,  no le harán falta los metros de que dispone, ya que sólo con unos pocos palmos tendrá suficiente-. Con esta advertencia y los consejos oportunos, vuelves a casa lleno de "gozo y alegría".

Por ello, se hacen todo tipo de dietas y ejercicios físicos, con lo que pierdes algún peso,  animándote al principio. Se lo cuentas a los amigos, como diciendo -"gracias a mi fuerza de voluntad, he perdido 4,5 Kg". Podéis aplaudirme-. Aunque también hay un efecto secundario, que tanto prescindir de los placeres del paladar, te pone de mal humor, influye negativamente en las relaciones sociales, y como estás que "echas chispas", sale la ansiedad, la tensión arterial se dispara, siendo otro factor a considerar, ya que puede influir en que vaya uno a reunirse con el Creador antes de tiempo.

Menos mal, que el estar delgado lo tenemos asegurado antes o después, es un consuelo. Aquí está el ejemplo:

Un difunto que pesaba 140 kg. a pesar de infinitas curas de adelgazamiento, tenía en su tumba la siguiente inscripción:

"Por fin me quedé en los huesos"

Está claro, si todo lo que adelgaza es positivo, según nuestra sociedad, estar con "la pata tiesa", tiene que ser "bueno para nuestra imagen y salud ".


Texto: Poncio Emiliano


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