San Pedro, era originario de Betsaida. Pescador de profesión. Su nombre era Simón y fue discípulo de Jesús. Este le dio el nombre de Cefas = piedra. Le constituyó en cabeza de la Iglesia. Evangelizó principalmente en Palestina, Antioquia, quizás en Corinto y finalmente en Roma, donde murió crucificado en época de Nerón, en el año 67 o 64.

Aquí no voy a realizar un análisis de su vida. Me voy a referir a las enseñanzas de los versículos que figuran a continuación, y a los hechos ocurridos cuando seguía a Jesús como discípulo, que me han hecho meditar, sobre lo intransigentes y duros que somos con los que nos rodean.

Frecuentemente, juzgamos las actitudes de los demás muy a la ligera. Nos sentimos defraudados porque nuestro amigo, familiar, o esposo, no  ha actuado ante cualquier situación como nosotros esperábamos, y más aún, cuando pensamos que "conocemos bien a esa persona". Como consecuencia nace la desconfianza y el recelo, nos sentimos dolidos, y la apartamos en mayor o menor grado de nuestro corazón.

También es cotidiano, el escuchar estupendas teorías de "como somos", y que haríamos en cualquier situación, ya fuera la que se le ha presentado a otra persona, o simplemente imaginarias. Y decimos eso de: -yo haría esto o aquello-, presumiendo ante los demás de lo estupendo que somos, "incluso creyendo lo que decimos". Pero no es así, no tenemos la menor idea de como vamos a actuar ante cualquier hecho que nos presenta la vida, ya que no solo depende de nuestra forma de ser, de nuestros conocimientos, de las circunstancias, y sobre todo "del estado de ánimo con que nos hemos levantado ese día". Ante cualquier situación, hoy podemos actuar con acierto y valentía, y quizás mañana lo contrario, avergonzándonos de nuestro comportamiento.

Por todo esto, ¿como somos capaces de juzgar las actitudes de los demás, si nosotros desconocemos las nuestras? Pienso que debemos tener más tacto, y ser más humildes a la hora de presumir, o de hacer de jueces o fiscales de nuestros semejantes.

Todas estas consideraciones las he hecho, al leer en La Biblia algunos momentos de la vida de San Pedro, cuando acompañaba a Jesús.

 

 

Llamamiento de los primeros discípulos

San Mateo c-4 v-18 a 20

Caminando, pues, junto al mar de Galilea vio a dos hermanos: Simón, que se llama Pedro y Andrés, su hermano, los cuales echaban la red en el mar, pues eran pescadores; y les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron.

La confesión de Pedro

San Mateo c-16 v-13 a 20

Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos le contestaron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías u otro de los profetas. Y El les dijo: ¿Y vosotros quién decís que soy? Tomando la palabra Simón Pedro, dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Jesús, respondiendo, dijo: Bienaventurado tú, Simón Bar Jona, porque no es la carne ni la sangre quien esto te ha revelado, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mí iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en  los cielos. Entonces ordenó a sus discípulos que nadie dijeran que El era el Mesías.

Predicción sobre la conducta de los discípulos

San Mateo c-26 v-30 a 35

Y dichos los himnos, salieron camino del monte de los Olivos. Entonces les dijo Jesús: Todos vosotros os escandalizaréis de mí  esta noche, porque escrito está: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas de la manada. Pero después de resucitado os precederé a Galilea. Tomó Pedro la palabra y le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo jamás me escandalizaré. Respondiéndole Jesús: En verdad te digo que esta misma noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Díjole Pedro: Aunque tenga que morir contigo, no te negaré. Y lo mismo decían todos los discípulos.

Prisión de Jesús

San Juan c-18 v-1 a 10

Diciendo esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. Judas, el que había de traicionarle, conocía el sitio, porque muchas veces concurría allí Jesús con sus discípulos. Judas, pues, tomando la cohorte y los alguaciles de los pontífices y fariseos, vino allí con linternas, y hachas, y armas. Conociendo Jesús todo lo que iba a suceder, salió y les dijo: ¿A quién buscáis? Respondiéndole: A Jesús Nazareno. El les dijo: Yo soy. Judas, el traidor estaba con ellos. Así que les dijo: Yo soy y cayeron en tierra.

Otra vez les preguntó:¿A quien buscáis? Ellos dijeron: A Jesús Nazareno. Respondió Jesús: Ya os dije que yo soy; si, pues, me buscáis a mí, dejad ir a éstos. Para que se cumpliese la palabra que había dicho: "De los que me diste no se perdió ninguno". Simón Pedro que tenía una espada, la sacó e hirió a un siervo del pontífice, cortándole la oreja derecha. Este siervo se llamaba Malco. Pero Jesús dijo a Pedro: Mete la espada en la vaina; el cáliz que me dio mi Padre, ¿no he de beberlo?

Las negaciones de Pedro

San Mateo c-26 v-69 a 75

Entre tanto, Pedro estaba sentado  fuera en el atrio; se le acercó una sierva diciendo: Tú también estabas con Jesús de Galilea. El negó ante todos, diciendo: No sé lo que dices. Pero cuando salía hacia la puerta, le vio otra sierva y dijo a los circunstantes: Este estaba con Jesús el Nazareno. Y de nuevo negó con juramento: No conozco a ese hombre. Poco después  se llegaron a él los que allí estaban  y le dijeron: Cierto que tú eres de los suyos, pues tu mismo hablar te descubre. Entonces  comenzó a maldecir y a jurar: ¡Yo no conozco a ese hombre! Y al instante cantó el gallo. Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: Antes que cante el gallo me negarás tres veces; y saliendo fuera, lloró amargamente.

 

 

En estas lecturas, Jesús elige a Pedro como uno de sus discípulos. Jesús conoce perfectamente a Pedro, como a nosotros y nuestras flaquezas. Pero Jesús no sólo hace esta elección, si no que además le da las llaves del Reino.

Pedro es el mismo, pero no lo son las circunstancias, sus cambios de humor y de parecer. Esto hace que se entregue, lo deje todo, y siga al Maestro. ¡Qué pocos somos capaces de hacer una entrega así! Ama a Jesús, y en un ambiente relajado afirma que moriría por él. Eso nos pasa a muchos, y no siempre en momentos tan críticos como aquí se describen. Se dice: -No te preocupes, aquí me tienes para lo que sea-. Y puede ser que se diga de corazón, pero si luego no es así, no tenemos que defraudarnos, somos humanos, débiles y egoístas. A pesar de ello, debemos seguir amando, y no ser tan exigentes.

Me llama mucho la atención, el momento del prendimiento de Jesús. Pedro que estaba tranquilo mientras que Jesús oraba, se da cuenta que vienen a prender a su Maestro. Pasa de "0 a 100" y no piensa nada, pueden detenerlo o matarlo; pero él saca la espada y ataca a Malco. Poco después reflexiona sobre lo ocurrido, se llena de temor, y niega a Jesús tres veces. No seamos tan duros en juzgar las actitudes de los demás. Repasemos la historia de  nuestra vida, y comprobaremos las veces que hemos vuelto la espalda a las personas que decimos querer.

Comentarios: Poncio Emiliano.

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