El desaliento, es una pérdida de ánimo, una falta de fuerzas o ganas de hacer algo. Pueden ser muchos los motivos personales para sentirlo. También, de forma prolongada, puede llevarnos a la apatía, la tristeza y la depresión.


Era verano, me desperté, bebí un sorbo de agua, miré el despertador, las cuatro de la madrugada, di la vuelta y quise seguir durmiendo. Pasaba el tiempo y, no había manera. Estaba "entre dos aguas", sí, como a veces duermen los gatos, con un ojo abierto y el otro cerrado.

Harto de no poder conciliar el sueño, le di al interruptor del receptor de radio, que tengo siempre sobre la mesa de noche. Una voz “apagada” surgió en mi dormitorio, era la de Laura. Suavemente y con bastante tristeza, exponía a través de las ondas su situación actual.

Al oírla, desperté totalmente, como se suele decir, quedé con "los ojos como platos", viendo la tenue luz que atravesaba la persiana.

Laura decía tener treinta y dos años. Proceder de una familia con problemas,  de padres separados. La madre hacía poco caso de los hijos. Tenía hermanos; pero sus relaciones eran "muy diplomáticas", sí, eso de: -¿Estás bien? Pues estupendo. ¿No estás bien? Qué te mejores, y adiós.

Sus amigas se habían ido casando o encontrando pareja, hecho muy normal, que ocurre en los grupos de amigos con el paso de los años.

Me pareció entender, que no andaba muy bien de recursos económicos, cosa que complicaba más la situación, ya se sabe lo que dice nuestro refranero: "Los duelos con pan, son menos".

Como resultado de lo expuesto, Laura llamaba completamente deprimida, quejándose de su soledad y de no tener ganas de nada.

Poco después, llamó una Sra. de ochenta y cinco años. La animó y le dijo: que ha su edad estaba con enormes ganas de vivir y hacer cosas. Que si sus hijos y nietos, que le gustaba bailar, etc. Decía que no comprendía cómo podía estar así a los treinta y dos años. Que pintara, escribiera, o hiciese algo que le gustara y cubriera las horas que tuviera libres en el día.

Le di en parte la razón a la señora, es como muchas personas luchan contra la soledad actualmente, y a veces no la echan en cuenta. Consiste en salir de trabajar y comenzar otras actividades. Apuntarse a todo lo que se encuentre: gimnasia, tai chí, cursos diversos, baile, pintura, o lo que sea. Así se tiene cubierto el tiempo desde las siete de la mañana a las diez de la noche, y caes en la cama tan sumamente cansado que estás para que te den "los santos oleos", y no en condiciones de reflexionar sobre tu vida. Resumiendo, evitar tiempo para pensar. Esta fórmula, puede servirle a mucha gente, pero habrá que saber si le serviría a Laura, dado que cada ser es único y especial, y las soluciones tienen que ser a la medida de cada persona.

Después llamó un caballero, que había tenido problemas de otro tipo. La aconsejó muy bien. Enfocó el tema desde el punto de vista de la necesidad de tener compañía de otras personas. Este le dijo, que nada de estar en casa y encerrarse. Que  buscara la compañía de nuevos amigos. Si le era difícil encontrarlos, que se pusiera en contacto con asociaciones de solteros, viudos o separados, que existen en bastantes ciudades.

Los dos fueron buenos consejos. Me dio la impresión, que Laura lo que más necesitaba era tener amigos. Será difícil encontrar "el buen amigo", y más "la buena pareja o esposo", pero es así. El mismo problema ha existido siempre, y en los tiempos actuales, más, por la complejidad en que se mueve nuestra sociedad. Encontrarás amigos para charlar y para salir, que no es poco. Si tienes la suerte de sintonizar con alguno, "hablareis incluso en el mismo idioma". Y ¿por qué digo esto? Porque quizás muchos lo han vivido, incluso Laura. Tienes un grupo de amigos con vidas y problemas similares. Un día se casan, y aún siguiendo la amistad, el cambio de situación hace que tengan el tiempo más ocupado y los problemas sean distintos, no digamos, cuando hay niños. Cuando los encuentras, la mayor parte de la conversación gira sobre los hechos de su vida actual: que si el niño no me come, que mí pareja no me ayuda, que esto y que lo otro.  Cuando consigues meter baza, hablando del sentimiento de soledad,  la respuesta es si eres mujer: -Búscate compañía- Y si es una buena amiga: -No te deprimas, un día te llamo, nos vamos de compras y tomamos algo.- El caso de los hombres es distinto, según algunos, la "receta para el problema" es beber hasta que estés alegre, o ir a un club de alterne.

Pienso que todas "las armas" dadas en estos consejos, le pueden servir a Laura.

Yo no tengo una fórmula  para ayudarte eficazmente; pero creo que hay que luchar, y luchar a "brazo partido" contra la dejadez, la tristeza y la falta de voluntad. Aunque no se tengan ganas de salir, a la calle. Si no se tiene ganas de nada, se hace algo; aunque sea duro sobreponerse a la desgana. Habla con quien se ponga por delante, en la tienda, con el vecino, o con quien sea, el ir en silencio hace que la cabeza no salga del tema. Cuando salgas a pasear, no mires al suelo, si no a las nubes, a los edificios, a los árboles. Mira a tu alrededor, donde hay vida y posibilidades de que encuentres tu camino.

Otra cosa muy importante, es tener esperanza. Es una virtud, pero también es "un motor" que mueve e ilusiona para seguir viviendo.

Cada uno somos "como nos han parido" y "moldeados por las circunstancias vividas", por ello, somos especiales e irrepetibles, y pienso que estamos en este mundo a cumplir una misión, que quizás no conozcamos nunca, o sí, solo Dios o el destino lo saben. Puedes estar ahogada, vacía, y sin rumbo, pero dentro de unos años, puede que recuerdes esta etapa como un mal sueño, ya que serás otra Laura. 

 



Texto: Poncio Emiliano.


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