Hay una antigua película de
cine que se llama “Mondo Cane”. Es en realidad, una serie de
documentales
sobre las costumbres de las gentes que habitan este planeta, con los
contrastes culturales que suponen sus raíces, y la zona geográfica donde
se ubican.
Esta película, lleva una banda sonara en que
destacó
More (Mas), bella canción que estarás escuchando de fondo a esta lectura.
En ella, aparecían imágenes del distinto trato que se les daba a
los animales en el Mundo, entre otros temas. Aquí nos vamos a centrar en el perro.
Hay personas que a un perro lo ven como es, un animal de compañía,
servicial y muy fiel a su dueño. Son utilizados, para caza, para
pastoreo, como guardianes, o simplemente por puro capricho o necesidad
para mitigar la soledad.
Pero no en todos los países ocurre lo mismo, para unos es casi
de la familia, y los cuidan como si fueran unos más. Para otros son
perfectamente aprovechables para hacerse un estofado, o sea, para comérselos.
Es normal querer a un animal tan apegado a su dueño, pero tampoco
hay que pasarse. Cada uno hace con su dinero lo que
quiere, pero hay que tener un poco de seriedad o recato, ya que se gaste una persona en el cuidado de su
perro, el dinero
con el que comería una familia bastante tiempo, es algo "fuerte de
digerir".
He leído, que un “hombre de negocios”, tiene un perro San
Bernardo que está "como un Pachá", es decir que el mencionado can, vive
como su señor, lleno de lujo y comodidades.
Le tiene
tanto amor, que hay un retrato suyo en el despacho. Lo llevaba con él a lujosos
hoteles, donde le preparaban una habitación para el solo, así se
sentiría
como un “Perro de
Postín".
Le atendían
los mejores especialistas, le guisaban platillos
exquisitos, y filetes de ternera que ya querrían muchos.
Todo esto es sorprendente, pero llega a lo más alto, por el hecho
de que al parecer, el perro, además, para esos momentos en que
estuviese “bajillo de ánimos", tiene a su
disposición un psicólogo, para que lo escuche, lo acompañe y le
aconseje. Desconozco el tratamiento, pero me figuro, que no se tumbará en
la butaca y le contará al eminente profesional, de que frustrante fue su
niñez, cuando su madre, no le dio el hueso que tanto deseaba, cosa que lo
ha tenido marcado para toda la vida. Supongo que la cosa irá en el tipo
de ladridos, si son alegres y vivarachos, o lánguidos y tristones,
y su actitud, mas o menos retraída a la hora de acercarse a su amo. Puede
ocurrir, que sus depresiones sean debidas, a que al ser un “Perro Rico”, no pueda acercarse a una
linda perrita, pero vulgar, que
le guste. Que a la hora del cortejo, le presenten a una presumida e
histérica hembra de lo “más elevado de la sociedad perruna”.
El caso, es que todo este asunto, en el fondo me dio algo de pena,
porque es un bonito animal, grande y fuerte. Creo que
si estuviese en espacios abiertos, dándole el aire en su cara y llenándose
de tierra, en vez de tumbarse sobre sedas orientales, o en mullidos
cojines, se sentiría mas a gusto, y no necesitaría a tan ilustre
profesional.
Es parecido, a que si una persona
es rica, estando rodeada de ropa cara, comidas exóticas, tecnologías avanzadas, en
resumen, sintiendo el poder de estar muchos escalones por encima de otros
mortales, se encuentra un día en un mesón
apartado de un pueblo perdido, donde le sirven un par de huevos fritos,
unos chorizos, patatas de la tierra, pan casero, y un buen
vino tinto.
Y se siente en “la gloria”, viendo a las gallinas en el
corral, escuchando a un asno en la lejanía, oliendo a leña quemada,
saboreando tan ricos manjares, mientras las luces del atardecer penetran por el ventanuco iluminando el
mesón. Quizás sea para ella, la novedad de lo exótico, a lo que no
está acostumbrada, pero también puede ser, que incluso se de cuenta de lo que se ha
estado perdiendo.
Si los humanos, nos empeñamos continuamente, en buscar lo
que no tenemos, porque pensamos que cuando lo poseamos vamos a ser los más
felices de la tierra, engañándonos continuamente, y perdiendo en el
camino, cientos de sensaciones maravillosas, dejemos a los
animales en paz. No los metamos en jaulas de oro, porque ellos no pueden
vivir como nosotros. Les debemos cubrir sus necesidades, pero por favor,
no les hagamos partícipes de nuestras costumbres, y démosles la libertad
que necesitan, que ellos seguirán siendo nuestros amigos, sin necesidad
de comprar su fidelidad.