Aquí os muestro una carta recibida de Rumania.


Hola amigos:

Mi nombre es Hugo, y soy un vampiro de Transilvania. Desciendo de la estirpe de Drácula y vivo actualmente en el castillo de Meniscov con mi padre Kolef.

La mansión de mi padre es preciosa, lúgubre, siniestra. No hay estancia que no tenga sus telarañas. En las escaleras interiores de mármol que descienden de la parte alta, están situados los cuadros con la imagen de nuestros antepasados.

Tenemos varias criptas en el sótano, para mi padre, para mí y para invitados. La mía tiene ataúd de matrimonio, ya que como estoy en "edad de merecer" porque sólo tengo 325 años, nunca se sabe si en mis salidas nocturnas me puedo encontrar con alguna vampira cariñosa.

Mi padre es mayor, tiene 511 años, nació cuando se descubrió América. No obstante, es un vampiro de hoy, no para de decirme que ya es hora de que tenga mi propia familia, que aunque soy eterno no puedo estar siempre con esta vida de vampireo poniendo en riesgo mi existencia ya que vuelvo casi al amanecer.         

Cuidan del hogar, nuestro sirviente Olaff y su bruja, quiero decir esposa Ingrid. Es de toda confianza, además tiene una forma de vestir del siglo actual con lo que no levanta suspicacias de ninguna clase.


Dos son los motivos de este correo a España. El primero es proclamar que los vampiros somos gente normal, y el segundo contaros lo que me pasó en mi intento de buscar pareja estable.

Quiero mucho a vuestro país y deseo volver por allí cuando me sea posible. ¡Que noches en la costa! ¡Que maravilla poder chupar sangre con gusto a paella, sardinas y calamares! Una de las costumbres que más me llamaron la atención es la de "salir de marcha" ¿se dice así? La primera vez que puse en acción mis colmillos en vuestra tierra salí sobre las 12 de la noche, me crucé con una vampira local que me advirtió que la marcha está en lo mejor a las 4 de la madrugada. Yo seguí volando y esperé, mi sed y mi estómago me pedían sangre. Y aunque me dijo mi ocasional amiga que habían expendedores de sangre en lata que estaban ocultos en ruinas y los proporcionaban una multinacional vampírica de USA., yo me negué, ya que consumo productos naturales.

Sobre las 4 y media vi a una chica que después de besar a su pareja iba hacia su casa, la observé vacilante y pensé- ¡es el amor!- Bajé y di mi primera chupada española. ¡Que placer! ¡Que sabor! Solo le tomé un poquito de su sangre. Cuando regresé, apenas podía mover las alas, me temblaban las piernas y calculé mal la entrada en picado al féretro, casi me  rompo mi herramienta de trabajo, un colmillo. Si, la chica por lo visto no estaba enamorada, llevaba una buena cogorza o borrachera y yo me tomé parte de su "alegría". La siguiente vez, me llevé un aparato de esos que lleva la policía para medir el grado de alcohol.


Respecto al primer punto, os diré que estoy cansado de la forma que nos tratan. Un día vi con estupor en un cine de verano una película sobre Drácula. ¡Intolerable! Nos dejaba a los vampiros por los suelos. Como asesinos despiadados, que además aterrorizábamos a los vivientes.

Nosotros tenemos características especiales y costumbres milenarias, pero somos también seres con  derechos dignos de respeto. No molestamos a nadie. Estamos todo el día durmiendo, Y solo nos alimentamos lo justo. ¿No se comen los vivientes a todos los seres que hay a su paso: Reses, peces, vegetales, etc? Pues nosotros con un poco de sangre  estamos satisfechos, Y no matamos a nadie, si no al contrario, les dosificamos las chupadas para que estén contentos y nos reciban con agrado la próxima vez, es igual que cuando se ordeña una vaca.

Nuestros vuelos son a baja cota, no entorpecemos las rutas comerciales ni militares. Llevamos un radar natural que hace que no tropecemos con nadie. Cuando estamos en el suelo, somos elegantes, educados, amante de los niños y si se nos convoca, hasta votamos, figuraros si uno de nosotros llega a presidente, se podría presentar cientos de años como candidato.

Somos ecológicos, el agua no la usamos, y menos la corriente, ríos, mar, etc. ya que moriríamos, o sea que nos da lo mismo el Plan Hidrográfico, Consumimos poca energía. No tenemos electricidad, usamos velas. Tampoco contaminamos el medio ambiente, no tenemos automóvil, volamos. Como estamos muertos aunque en una situación especial, no somos una carga para la Seguridad Social, siempre estamos sanos. Tenemos una cultura enorme, ya que hemos vivido miles de hechos históricos y de todo tipo. ¿Por qué se nos trata tan mal? ¿Por qué esa manía de martirizarnos con crucifijos, ajos, espejos y eliminarnos de esa manera tan salvaje como: degollarnos, quemarnos o clavarnos una estaca de madera en el corazón? Pido desde aquí, un trato mas acorde a nuestra condición. Somos seres muy románticos, con costumbres extrañas, pero la mayor parte de las Constituciones de los países dicen-Hay que defender los derechos de las minorías- Si la cosa sigue así convocaremos una reunión de vampiros y crearemos la ONG Ayuda al Vampiro Maltratado. (A.V.M) para concienciar al Mundo entero de nuestras justas reivindicaciones.

Esta es mi mansión. Llevo esta imagen conmigo.

¡Sabor de hogar! ¡Que bella se ve en la oscuridad 

de una noche de tormenta!

 

Ya os he contado mas arriba los consejos de mi padre Kolef, sobre que ya es hora de salir del hogar paterno y de traer una nueva generación de vampiritos al mundo. Yo consciente de mis obligaciones y también con el deseo de compartir la eternidad con una bella y buena vampira, me puse manos a la obra. En los pueblos cercanos no había vampira que conquistar, sólo había vampiros y bastante desesperados. Tenéis que saber que no tenemos Internet para chatear, además que, tampoco podríamos, a no ser que metiéramos un portátil en el ataúd, ya que por la noche tenemos que salir a "buscarnos la muerte en vida". Por ello me dije: -Hugo o emigras a otro país o no te comes una rosca- Así que reuní un dinero y marché con Olaff a la costa de España.

Tras mucho viajar llegué a Lunabella. ¡Qué maravilla! Un pueblo cerca del mar donde se respiraba el olor de sus flores y el aroma del Mediterráneo. Olaff buscó sin descanso hasta encontrar una casa en ruinas donde instalarnos. Era cara, pero lo importante era mi búsqueda. Tras varios días viendo vampiras nacionales y extranjeras una noche cambió mi suerte. No había Luna, ni viento, se podía volar sin esfuerzo y la visibilidad era perfecta. Casi me arrolla, volaba rápida y me la crucé. ¡Qué ojos! Se iluminó la noche. ¡Qué garras! ¡Qué alitas! Quedé totalmente atraído por ella. Era española y se llamaba Lola, pero le decían Lo.

 

¿Verdad que es una belleza?


Al principio nos escribíamos y nos mandábamos versos de amor .

Yo le mandé uno que decía.

Cuando vuelo sobre el castillo,

sueño en tus colmillos,

y me llena de alegría el pensamiento

de estar contigo en el enterramiento.

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Ella me contestó.

El pensar en ti 

me llena de alegría

deseo estar contigo

en la tumba fría.

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¡Que lindos! Llegan al corazón.


Volamos muchas noches, saboreamos ricos fluidos, escuchamos nuestra canción-Cenizas-, y llegó el momento de entregarnos a la pasión de una forma total como solo saben hacerlo los vampiros.

A la siguiente noche,  me dijo que debíamos formalizar nuestras relaciones y que podíamos vivir en pareja hasta conocernos mejor, que solo tenía 256 años y era muy joven para tener mayores compromisos, porque quería disfrutar de la vida al menos 50 años más, antes de ser mamá vampiro. Después, me dijo que me presentaría  a su madre que vivía en la urbanización Tumba-Sol. Que nos ayudaría a encontrar un nicho en buenas condiciones.

A mi no me hacía gracia la idea, ya que en Transilvania tenía un precioso castillo, pero aguanté. Pasaron los días y las ofertas de nichos eran carísimas, un nicho de dos plazas con vistas a un ciprés y lápidas de aluminio 58 millones de las antiguas pesetas. Yo dije, bueno, pues que vaya Olaff al Banco y que pida un préstamo en nuestro nombre, que como somos eternos aunque tardemos 200 años en pagar, no es problema. Pero mira por donde, el Banco se niega porque solo tiene préstamos a 20 años. Yo no puedo vender mi ataúd, ni las joyas de la familia para comprar esa birria, teniendo una hermosa y lúgubre mansión. Se lió, ella lloraba y se negaba a ir a Transilvania. La vieja arpía de mi futura suegra, que ya no tiene dientes para chupar y es tan mala porque solo bebe sangre enlatada-pasteurizada y deshemoglobinizada, se metió por medio y dijo que yo era un don nadie, que si la quisiera de verdad le compraría un nicho en una urbanización de lujo con piscina y campo de tenis. ¡Está loca! ¿Para que quiere un vampiro piscina y campo de tenis? En la piscina nos quedamos fritos y ¿cómo juego al tenis? No querrá que ponga velas en todos los hoyos. Así que la cosa fue de mal en peor, y un día me cansé y le dije:


Si prefieres volar sola en Lunabella

a mi eterno amor en Trasilvania.

Te dejo aquí chupando paella

y me voy a Cuba a buscar a Tania.


Todo terminó, me invadió una profunda tristeza y no tenía ganas de salir del féretro por las noches, no chupaba nada. Mi padre me escribía preocupado no fuera a quedar absorexico. Olaff  me traía sangre enlatada de la mejor, pero la rechazaba, mis alas apenas se podían desplegar, en resumen, estaba en un estado calamitoso. Me acordé de lo que decía mi buen padre.


Si cuando vueles con hambre

para dar tus chupaditas,

te encuentras con una vampira

enamorándote de sus alitas.

 

Piensa que hay una suegra

que aunque parezca tierna

tiene siempre la negra

porque es eterna.

 


 
Bueno, termino esta carta contando mi situación actual. Sigo en mi estado de soltería criticado por la Comunidad de Vampiros porque dicen que debo casarme, que no debo continuar saltando de árbol a tejado y en tierras lejanas tonteando con vampiras  y luego volver a la mansión paterna. Pues ¿qué quieren que haga? Muchas noches me quedo en la cripta y ni salgo, me han traído los amigos un DVD a baterías y una serie de películas verdes, digo rojas, para animarme un poco. La última que he visto es de una productora nuestra de USA Vampinex. No sé si la habéis visto, se llama Emanuelle, la Vampira Sorbetillo. A veces me duelen las alas  de no abrirlas todos los días, voy a tener que ir al Aliterapeuta.
 
Mi padre me anima y me comprende. El otro día invito a una excursión de japoneses al castillo, y la cosa fue bien al principio, pero se liaron a hacer fotos con flash, nos cabreamos y les echamos. ¡Qué imprudentes! Si fuéramos malos les dejamos sin gotita.
 
Ya me encuentro mucho mejor, no he perdido la esperanza y se que algún día la encontraré, solo tengo 325 años y toda la eternidad por delante, además, quien sabe si me pasará como a mi tío Federico que llegó a ser muy feliz cuando se casó a los 401 años.

Me despido de vosotros.

Acordaros de mi, os deseo lo mejor.

Eternamente vuestro.

Hugo

Esta historia es pura ficción, cualquier parecido con la realidad

 lo será por coincidencia.

Texto: Poncio Emiliano

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